Premios y castigos

Premios y castigos

La educación positiva permite sacar un máximo partido a tu perro. Basada en la recompensa, aunque también son importantes los castigos.

Los premios y castigos son dos herramientas muy útiles y efectivas para el aprendizaje del perro. El perro aprende de la experiencia, es decir: si tras haber realizado una acción buena, se le felicita o premia, tras una mala se le castiga o reprime.

Aprenderá de los resultados obtenidos al realizar esa acción, pero solo si han sido inmediatamente después de esta, en caso contrario no logrará entender el sentido de ese cachete, o esa caricia.

RECOMPENSAS:

Lo mejor es combinar las recompensas, sobretodo debemos combinar golosina con la palabra. El aprendizaje es más rápido si la respuesta correcta siempre tiene premio. No dejes pasar mucho tiempo, si el comportamiento no es felicitado este puede ser olvidado.

  • Chucherias: Es la mejor recompensa para un perro, pero no debemos sobrepasarnos con ellas.

  • Elogios: Se pondrá contento si le decimos cosas en tono suave y alegre.

  • Caricias: Para un perro siempre es bienvenida una caricia, un mimo, para él es una recompensa gratificante y estrecha lazos y muestras tu cariño. Pasar la mano por la cabeza, cuello y la cruz es un gesto de dominancia, que ayudará a reforzar tu jerarquía y su sumisión. Sus caricias preferidas son en el vientre, lomo y parte baja del cuello.

CASTIGOS:

La madre castiga al cachorro desde que comienza a andar, con un mordisco suave, lo agarra por el cuello, e incluso lo dejar caer.

Cuando le regañes debes permanecer en pie, demostrando tu superioridad. Debe ser en tono enérgico. Dale tiempo a rectificar su actitud o comportamiento, en caso de conseguirlo le puedes premiar por haber recapacitado.

  • Privarle de algo que le agrade.

  • Retenerle, obligándole a quedarse a tu lado durante un tiempo.

  • Ignorarle es otro método o encerrarlo en una habitación durante un rato. No debe ser largo pues a lo que salga ya no recordará porque le has castigado.

  • Recurrir a cosas que le molesten, como rociarle de agua, o hacer un ruido… Utilizándose como correctivo, con el simple echo de amenazarle con el pulverizador, debe ser suficiente para resistir de su mala acción, si es así el aprendizaje será positivo.